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Merlonix

Siguiendo al sol

Luthor se estiró plácidamente bajo el rayo solar que entraba por la ventana. La cama de su amo era suave y calentita. El cachorro amaba esa cama, había memorizado cada matiz de su aroma y cada hilo suelto. El colchón se hundía ligeramente bajo el peso del canino y arrugaba las sábanas. Un hombre entró en la habitación con la correa de Luthor en la mano, le acarició la cabeza, rascó detrás de sus orejas y dio un par de golpecitos en su lomo. Después de enganchar a su mascota a la correa, el dueño, con la cabeza gacha, lo sacó por la puerta sin decir nada. Después de varios minutos en el auto, bajó a su perro y lo ató a un poste, para luego subir nuevamente al carro e irse. Luthor estaba confundido, ¿lo habían olvidado?, creyó que sí, se recostó y esperó. Horas después, lo despertaron los gruñidos de un enorme perro blanco, Luthor pegó un respingo y se levantó rápidamente. Era de noche y las estrellas titilaban.

― ¿Se le ofrece algo... señor? ―preguntó temeroso.

El perro se quedó parado, arrugando el hocico y mostrando los dientes, pero en silencio.

―Lo lamento, me iré.

Luthor trató de alejarse pero la correa lo detuvo. El perro relajó su expresión al percatarse de la situación.

―Chico, ¿hace cuánto se fue tu dueño?
―No lo sé, cuando se fue era de día.

La cola del gigantesco can cayó de repente y sus orejas se agacharon. El cachorro notó el cambio y comenzó a espantarse, ¿le había pasado algo malo a su amo?

―¿Sabes tu dirección?
―No.
―¿Algún punto de referencia?
―No.
―¿Algo que tu dueño haya dicho que te indique dónde vives?
―Pues... a menudo dice que vivimos en el este, desde que nos mudamos, vivimos en el este.

El animal permaneció pensativo varios segundos y luego suspiró.

―No creo que haya mucho que pueda hacer por ti, pero si quieres ir hacia el este, sigue la dirección del sol cuando salga.

El perro, quien dijo llamarse Colin, lo liberó de la correa y le recomendó buscar alimento en basureros de restaurantes en caso de que tardara mucho en llegar. Luthor le agradeció y se recostó lejos de la carretera, pasó la noche con frío, anhelando la cama de su amo.

Cuando Luthor despertó vio el sol salir, corrió emocionado hacia él y se resbaló con un charco. Al caer, el cachorro rodó y se estrelló contra un gato, aplastándolo.

―¡¿Qué demonios?!
―¡Lo siento tanto! Me resbalé.

El gato lo miró, malhumorado. El pelaje del felino estaba opaco y sus costillas se marcaban bajo la piel, se notaba el enojo en sus ojos, aparentemente había tenido un mal día. El animal dejó salir un bufido, sacudió la cola y se alejó a pasos largos. Luthor fue tras él, ya que no había recibido respuesta a su disculpa.

―De verdad lo siento. 

El gato aceleró el paso, ignorándolo.

―¡Perdón! ―insistió.

No respondió.

―¿Estás enojado?
―¡Ya cállate! Déjame en paz, mocoso.

Luthor arrugó la nariz.

―Ambos somos pequeños, no me llames mocoso como si fuera un cachorrillo.

El gato simplemente siguió caminando, irritado. Luthor lo siguió, curioso, hasta un lago, donde el felino permaneció quieto frente al agua. Luthor se sentó junto a él.

―¿Cuál es tu nombre?
―Zeth.
―Luthor.
―¿Acaso te pregunté?
―No.

Ambos permanecieron en silencio por algunos minutos, Zeth no dejaba de ver el agua. De repente, el gato metió la garra al lago y la sacó junto con un enorme pescado plateado, espantando a Luthor. Zeth mordió al pez, acabando con su vida y lo devoró. Luthor observó, asqueado e impactado.

―Asqueroso.
―Delicioso, toma un bocado.

Dudosamente Luthor se acercó a olisquear el pescado, olía horrible, pero para agradarle a Zeth le dio un mordisco. El sabor era extraño, pero no del todo malo.

―Bueno, ¿no?
―Sí, rico.

Zeth se limpió las patas y luego el resto del cuerpo con la lengua, Luthor intentó imitarlo. Luego de algunas horas siguiendo al gato, Luthor se percató de que debía seguir al sol. Ya casi se ocultaba, así que corrió lo más rápidamente que pudo y escuchó a Zeth suspirar de alivio tras él.

Pasaron varios meses, Luthor se reencontró en varias ocasiones con Colin. Se hizo gran amigo de Zeth y ahora cazar peces con él era parte de su rutina. Olvidó por completo la razón del por qué seguía al sol, olvidó la cama de su amo, olvidó su rostro, pero lo que nunca olvidó fue la sensación del calor del sol en la piel, mientras se recostaba en esa sábana. La vida con Colin y Zeth fue mejor de la que su dueño jamás podría darle.

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